Focal→ infinitas perspectivas

Una pausa. Una película. Otro foco posible.

#01 / n—4
La fantasía y las vacacionesLas olas

EL MAR
EN EL CORAZÓN

Las olas
(Las olas). Uruguay, 2017 · 1h 31min
Dirección Adrián Biniez
por Carlos Diviesti
5 min de lectura

Huy. Fijensé. Alfonso sale del mar a la altura de la Rambla Francia. Qué arriesgado el Alfonso tirarse al mar así como quien no quiere la cosa, una tarde después del trabajo, después de corretear bebidas por cuanto almacén y tienda de conveniencia haya en el Centro y en la Ciudad Vieja, muerto de sed y de calor, sin vacaciones de verano porque la plata, evidentemente, no alcanza.

Y ahora mirenló al Alfonso andar descalzo en mallita por la Peatonal Sarandí, recién salido del mar, con el agua que le chorrea del pelo al suelo a través de todo lo que se precipita por el cuerpo hasta caerse de uno, arrastrado por la fuerza de la gravedad.

Alfonso debe ir a la casa de Sole a preguntarle por qué lo dejó. Son cosas que un hombre quiere saber, por qué las mujeres los abandonan, qué hacen los hombres para que las mujeres tomen esa clase de actitudes que a uno lo dejan así, de este modo, como salidos de sí mismos, empapados del mar como las tardes de verano en los que uno andaba correteando por la calle, por el patio de tierra, por el camping, por las playas del Este.

Las olas
¿Y por qué ella lo dejó? Alfonso, entonces, le toca el timbre a Sole, su ex mujer. ¿Con los años se agranda nuestra capacidad de fantasear? ¿Puede la acumulación de recuerdos suplantar los juegos infantiles? ¿A determinada edad nos da vergüenza motorizar los sueños?

En la zambullida anterior Benito, el más callado de los amigos, mientras lava con el agua del mar el vómito de la vomitada que Zazetta le lanzó encima de la remera un rato antes mientras él dormía la mona, le asegura a Alfonso que todavía falta mucho para que aparezca Lady Gaga cuando Alfonso le cuenta que una vez soñó que era su hijo (el hijo de Lady Gaga). Entonces Benito, ya que Alfonso llega del futuro, le pregunta si seguirá haciendo música con la banda, si seguirá en contacto con los gurises, si se casará, si se divorciará, si estará solo. Y como las respuestas de Alfonso son sí o no, Benito no quiere saber nada más. Demasiado supo de lo que le deparará el destino durante esa tarde gris de vacaciones en Bahía Chica.

Las olas

Pero Alfonso entra y sale del mar entre Montevideo y Rocha cuando termina el trabajo

¿siempre lo hace cuando llega el calor?

¿siempre lo hizo?

¿siempre tuvo esa facilidad para atravesar el tiempo sin que nadie lo note, o descubrió ese superpoder pasados los cuarenta?

y se encuentra en el camping del Parque Nacional Santa Teresa con Maia, su novia celosa, y con Josefina, su novia infiel

y con el Tavi y el Hernán cuando se esconden del Kaluma entre las dunas

tanto espamento con el Kaluma, si se lo puede aplastar de un puñete

y con la madre del Tavi, que le pide que agarre una silleta de la galería y se siente al lado de ella para acompañarla

y entonces la madre del Tavi le pregunta qué chicas le gustan

y Alfonso le dice que no le gusta Sole, que le gusta Cecilia, aunque sea más grande

y la madre del Tavi se le insinúa como si fuera la diosa del liceo de vacaciones y a los cuarenta y pico

y al final, como siempre, se encuentra con su madre y con su padre que lo andan persiguiendo porque se escapó a la siesta y rompió el pacto que tenían de volver antes de que oscurezca

y con su madre, que abandona la revista Guambia -número que en tapa tiene las caricaturas de Alfonsín y Sanguinetti cuando se encontraron en Colonia- para leerle el principio y el final de La vuelta al mundo en ochenta días

mientras Alfonso, tirado en la hamaca paraguaya, se imagina solo en una lengua de arena rodeado de mar

ahora mismo

y se encuentra con Sole al principio de todo, claro, y le cuestiona por qué lo dejó, y Sole, por supuesto, le pregunta si nunca se puso a pensar

sinceramente

en cómo es él.

¿Él es una playa desierta un verano perpetuo una perla perdida en el mar que de tanto en tanto emerge a la superficie para observar de lejos su historia como si fuera puro recuerdo los recuerdos de las vacaciones? ¿Tan distinto a los demás es Alfonso yendo y viniendo de la calma chicha a la turbulencia y de no pensarlo nunca a perder la vista en la idea de la muerte?

Cuando el imaginario social no alcanza para saciar los propios afanes, la fantasía se las ingenia para regresar desde todos los rincones de la infancia (la escuela, las vacaciones, los amigos, e incluso desde la frustración por haberla perdido). Y la fantasía es inherente al contrato social, porque sin fantasear lo que uno es, lo que podría ser o lo que pudo haber sido en el contexto donde vive, uno se queda al margen del entorno e insatisfecho con el panorama de su tiempo. Por eso vivir cerca del mar (en el caso de Alfonso, cerca de un río que es como un mar) amplía constantemente la perspectiva de la reflexión, y motiva a ejercitar ciertos procesos mentales que nos enfrentan a los problemas de todos los días, o a los problemas que parecieran no tener solución.

Algo parecido a enfrentarse, en plenas vacaciones, a uno mismo frente al espejo. El cognitivista Ulric Neisser diría que la memoria episódica “es la capacidad de capturar experiencias individuales de momentos y lugares específicos, lo que permite al organismo recordar eventos pasados y predecir sucesos futuros mediante viajes mentales en el tiempo”. ¿Quién no es todas las cosas, todos los pensamientos, todas esas gotas del mar que al boquear el aire en la superficie se terminarán evaporando? ¿Alfonso es menos que su imaginación en esos días nublados, después del trabajo o durante las vacaciones que tuvo -o en las que añora tener-, cuando al drama de la vida se lo recibe con los brazos abiertos de par en par? ¿Dónde está Alfonso al final, entre las olas del mar que van y vienen, perpetuamente?

Afiche de Las olas

Toda gran masa de agua termina siendo un mar, aunque en la realidad sea un río inmenso, o un arroyito. Son muchas las preguntas que podemos formularnos mientras nos dejamos llevar por el ritmo cansino y siempre sugestivo de Las olas. Sin dudas que hay experiencias compartidas entre la película y nosotros. Y del mismo modo esas experiencias compartidas son a la vez vivencias intransferibles, porque nadie puede vivir la vida de los otros, nadie puede tener los recuerdos de los otros, nadie puede vivir el verano de los otros, así el verano sea el mismo para todos. Quizás por eso el mar. Si parafraseamos a Charles Trenet, observar el mar nos acuna a lo largo de golfos claros como una canción de amor.

La mer

Au ciel d'été confond

Ses blancs moutons

Avec les anges si purs

La mer

Bergère d'azur

Infinie

Una canción que acunaremos en el mar del corazón toda la vida.

Fin de la nota
Escena de Las olasVer tráiler ↗
Película
Las olas (Las olas)
Dirección
Adrián Biniez
Año
2017