“Dicen que el poder no tolera el vacío”
Principalmente documentalista (sobre todo de las notables Cáncer de máquina -2015, sobre la vida de la gente en los alrededores de una salina bonaerense, codirigida con José Binetti- y Conadepianos -2026-), pero también realizador de una inquietante película de ficción, El cadáver insepulto -2020, estrenada en plataformas durante la pandemia-, Alejandro Cohen Arazi (Buenos Aires, 1981) puede demostrar no solo una coherencia estética en sus trabajos sino también un rasgo autoral que lo desmarca de sus contemporáneos. Tanto a El cadáver insepulto como a Conadepianos, una desde el género del terror y la otra desde el documento político, les interesa mostrar cuáles son las huellas del pasado que perviven en la memoria. Y ese pervivir de la memoria, hecho de elusiones, esquives, huidas o descubrimientos, así sean secretos de una herencia sin sangre o enfrentar el peligro en el que nos pone el trabajo, requiere de espectadores que no solo se dejen sorprender por las formas, sino también que se permitan la inquietud de observar la realidad desde una perspectiva, sin dudas, incómoda.

-Hablemos un poco de El cadáver insepulto y de Conadepianos, dos películas que no debieran pasar inadvertidas para nadie. ¿Preferís el documental a la ficción?
-El derrotero que puedo tener como documentalista, o el tránsito que me lleva a la ficción, no lo mido como si hubiera una bifurcación o un meandro. Los proyectos que manejo surgen por ganas, por necesidad, por algo más imperioso que por estar escribiendo las páginas de mi biofilmografía. Arranqué como documentalista, me parece, por varias cuestiones. Primero, por una cuestión de interés. Estudié cine en el IDAC, el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda, una institución histórica para el cine documental latinoamericano junto a la Escuela de Santa Fe, que fundó Fernando Birri. Decidí estudiar cine documental no solo porque me interesaba, sino porque el acervo cinematográfico de la ficción es muchísimo más asequible para aprender. Y si uno está en una institución educativa, y esto ya lo digo como docente, me parece mejor aprender aquello que uno no tiene tantas posibilidades de aprender por fuera de una institución. Y además del interés por lo político, lo social, por observar la realidad, también me interesé por el cine documental porque la capacidad para producirlo es muy superior a la de encarar un proyecto de ficción en términos industriales. Siempre quise hacer ficción. Soy un gran amante de la historieta. Ese lenguaje está totalmente asociado a la ficción, así que la historieta me formó como cineasta. El cadáver insepulto aparece porque el INCAA abre un concurso de ópera prima, y me tiré a la pileta para ver si tenía la posibilidad de hacer una ficción. Y salió bien. Pero después de que se estrenó El cadáver insepulto ya me puse otra vez el chip de que soy documentalista y si algún día tal vez vuelvo a hacer una ficción, quisiera tener condiciones de producción un poco más holgadas. Aunque no lo parezca, El cadáver insepulto es una película de muy, muy, bajo presupuesto, casi “piojosa” podríamos decir.
-¿Qué sería para vos un nivel de producción “piojoso”?
-Te hago una especie de parábola. Hace poco encontré una página en internet, TV Garden, donde se pueden ver canales de televisión de Nepal, de Uzbekistán, de Malawi… Claro, nosotros estamos habituados, incluso con lo mal que está Argentina económicamente, a tener cierto estándar de producción. En este caso es televisión, pero pasa lo mismo con el cine. Reivindico lo “piojoso” de tener que comunicar una idea con lo que uno tiene. ¿Se entiende? Lo importante es eso, las ganas de contar cosas sigue estando. Entonces vos te podés encontrar con gente que hoy hace ficción a espaldas de lo que entendemos como estándar -con un presupuesto definido, determinada cantidad de jornadas de rodaje previstas, equipo técnico de tantos miembros, etc, etc.-. Entonces, si uno tiene ganas, tiempo y recursos mínimos, uno puede encarar una producción que después tendrá el destino que tenga que tener.
-¿Tuviste dificultades para estrenar El cadáver insepulto?

Reivindico lo “piojoso” de tener que comunicar una idea con lo que uno tiene.
-El estreno de El cadáver insepulto se dio en el medio de la cuarentena del COVID. Como era el premio de opera prima, por cuestiones de tiempos administrativos del INCAA El cadáver insepulto fue una de las tantas películas que debieron estrenarse en las plataformas del INCAA para acceder al subsidio por venta a medios electrónicos. Era mi opera prima en ficción, hubiese querido un mejor encuentro con la gente, pero la realidad se impuso y uno no podía hacer mucho más que eso. Pero lo positivo fue que tuvo como una sobrevida un poquito más larga que las películas que se estrenan en salas o en el circuito de festivales, porque tuvo muy buena recepción de público y de crítica.
-Me parece que hay un link entre El cadáver insepulto y Conadepianos, no por cuestiones temáticas, claro, sino porque son películas que se oscurecen a medida que avanzan, y que a medida que avanzan muestran su verdadera cara. ¿Qué es lo que te interesa mostrar en tus películas?

-Si uno habla de la cuestión autoral lo que sobresale siempre es la subjetividad. No había pensado la progresión que hay de lo superficial a lo que está más en las sombras. Quizás sea una influencia que tengo sin haberla meditado siquiera. Creo que tenía 16 años la primera vez que vi una película de David Lynch, y noto que el tipo muestra una realidad aparente para después pasarte a lo que está detrás de esa realidad. Es cierto que tanto en El cadáver insepulto como en Conadepianos pasa un poco eso… En el caso de Conadepianos es una película urgente, porque los cincuenta años del golpe de estado ameritaban poner algo que fuese parte del debate público. Me pareció interesante rescatar estas entrevistas de Martín Mujica, que son parte del Archivo Nacional de la Memoria, porque hay una mirada institucional que va más allá de la gente que estuvo en la primera línea de la CONADEP y del Nunca más, una época de la que a lo mejor tenemos una mirada un tanto idealizada. Los trabajadores de Derechos Humanos, los que trabajan hoy y los que trabajaron en las décadas precedentes, desde el gobierno de Alfonsín hasta hoy, siempre lo hicieron en condiciones laborales bastante complicadas; entonces es poner la lupa ahí, sobre gente que está haciendo un trabajo admirable, necesario, trabajadores del Estado que de alguna manera velan o se ponen en contacto con situaciones durísimas, muy conflictivas y hasta peligrosas, y que en un punto son invisibles si no se los rescata o no se les da el valor que realmente tienen.
-Volviendo un poco a Lynch, si te ponés a pensar El camino de los sueños y Una historia sencilla son la misma película, una película que habla de un viaje. En el caso de tus películas, El cadáver insepulto desde la ficción y Conadepianos desde el documental, quizás formulen preguntas similares y tal vez compartan un mismo rasgo autoral.
-Jamás me pongo a pensar si las películas que hago tienen algo en común. De hecho, en general las veo como esferas que flotan aisladas. No les encuentro una conexión, pero me alegra saber que eso le pueda pasar a los espectadores.

-Quizás el espectador no se quede tranquilo después de ver tus películas. ¿Esto lo pensás deliberadamente?
-Culturalmente estamos muy habituados a un recorrido emocional que es el que siempre estamos esperando: que las cosas terminen de manera satisfactoria, o si no es de manera satisfactoria, que por lo menos tengamos una descarga cuando termine la película. Eso es entender el arte como entretenimiento, pero a mí tal vez me interesa ir un poquito en contra de la corriente, porque creo que debemos acomodar la catarsis al momento justo para que nos quedemos inquietos. En el caso de El cadáver insepulto, es una película que trata sobre el poder, sobre qué hacemos con el poder, y yo reconozco que me cuestiono permanentemente la cuestión del poder, del poder institucional tal como lo entendemos pero también en la relación entre las personas. Dicen que el poder no tolera el vacío, y hay una lógica de reproducción sistemática en la que no importa lo que hagamos vamos a volver a caer en los mismos vicios que nosotros, o la naturaleza, o lo que sea, nos imponemos frente al dilema de detentar el poder.
-¿Y qué viene ahora?
-Me invitaron a hacer un documental, un registro sobre el proceso creativo de una obra de teatro que trata sobre sucesos históricos (la época de los bandidos rurales durante la década infame) desde los ensayos. A medida que filmaba esos ensayos, empecé a pensar un guión, empecé a empezar una propuesta. La idea general del proyecto es hablar de dos cosas distintas al mismo tiempo, ver cómo dialogan el pasado histórico y el teatro, porque la época de Bairoletto y de Mate Cosido tiene similitudes con ciertas condiciones de vida actuales para el pueblo argentino. A mí también me interesa charlar sobre eso, hacer una especie de película histórica en la que nos podamos ver reflejados. Ahora, en este momento, estoy notando que tengo un rompecabezas para armar.
El cadáver insepulto puede verse en play.cine.ar ↗.