“Yo filmo el mundo tal como lo veo”
Leandro Picarella (Agrigento, Sicilia, 1984) trajo su cuarto largometraje a la Competencia Internacional de la 27ª edición del BAFICI. Sciatunostro (que podría traducirse como “nuestro aliento”) no es una película más: es una pequeña obra maestra que en su estructura se anima a establecer, a través de la ficción y del acervo documental, un tiempo continuo y presente.

Linosa tiene un faro que, si uno llega a partir del atardecer, lo puede ver desde muy lejos. Linosa está muy cerca de Lampedusa, la puerta a Europa para los desesperados que huyen de África. En Linosa vive un puñado de personas durante todo el año, pero en el verano se llena de turistas que van a bucear y que van en procesión a visitar a la virgen submarina, o que van a tomar sol entre aquellas rocas eternas, o que a la noche se van de fiesta y a lo mejor aturden a medio mundo hasta el amanecer. Linosa, además, es uno de los nidos preferidos de las pardelas, unas aves que parecen golondrinas grandes o cormoranes chicos, pero que quizás solo podamos encontrar alrededor del archipiélago de las Pelagias. Como tantas otras cosas en esta vida, en este mundo y en estos tiempos, hay que proteger a las pardelas de los depredadores o del peligro de extinción, por eso desde chicos Ettore y Giovannino aprendieron a cuidarlas y a cuidar sus huevos para que den crías, como los demás chicos de la isla. Ettore y Giovannino son culo y calzón aunque uno tenga doce y el otro ocho, y pese a que al final de esas vacaciones Ettore se vaya a la escuela en el continente y Giovannino se quede solo en Linosa aprendiendo a vivir. ¿Le hace falta algo más a una película para ser entrañable, o para convertirse en el respiro de una posible obra maestra? Claro, decimos esto porque ya vimos Sciatunostro, la película que Leandro Picarella trajo a la última edición del BAFICI, entonces ya sabemos dónde es que la película tiene el corazón y dónde es que le encontramos el alma. Pero como ocurre con las grandes obras del cine, como las que nos legaron Vittorio De Seta o Franco Piavoli, películas que por ejemplo tratan sobre gente que trabaja en tareas ancestrales en la Italia de posguerra, Sciatunostro tiene muchas otras cosas más allá del argumento que no solo la hacen cercana sino que también la vuelven relevante, artística y socialmente hablando. Conversamos durante aquellas jornadas del festival con Picarella sobre su cuarto opus en el largometraje, sobre el entusiasmo de sentarse en una sala a ver películas (como participante de una competencia, como jurado, siempre como espectador), y también sobre cómo tener amigos inolvidables.
-He visto uno de tus cortometrajes, Catedral, que se basa en el cuento de Raymond Carver, que toma como excusa ese cuento para hablar del tiempo, como hacés con Sciatunostro. Entonces la pregunta que tengo para hacerte es, ¿el tiempo para vos es un tema? ¿Es un rasgo de tu estilo como cineasta? ¿O es una preocupación como artista?
-Te voy a decir que es cada una de esas tres cosas. De seguro para mí el cine es el tiempo. No existe cine sin tiempo. Es su materia, es su alma. Creo que trabajar sobre la memoria, trabajar sobre el tiempo, es un trabajar sobre nosotros mismos. ¿Entiendes? Bueno, y a la vez el cine es industria, el cine es espectáculo, el cine es realidad, el cine es poesía, el cine es sueño. El cine es todo esto. Pero también hay una dimensión personal, la dimensión de cada autor. Y para mí esa dimensión está en probar cuál la esencia, la posible verdad de lo que yo que lo hago. Es casi como una suerte de responsabilidad. Una cosa íntima, personal, y sin embargo universal. Entonces sin tiempo somos nada, niente. Pero, ¿sabes qué? Que no considero a Catedral como mi primer trabajo porque es un ejercicio que filmamos cuando asistía a una escuela pequeña en Florencia. El que yo considero mi primer cortometraje de verdad se llama Esculpir el tiempo, como el libro de Tarkovski.
-Claro, Tarkovski. Era evidente. También otra de las cosas que noté en Catedral, y en Sciatunostro, de otro modo y con otra dimensión, que tiene que ver con mostrar panoramas, vistas enormes del paisaje frente a la cámara y encontrarle a esas imágenes un tiempo. Como cuando se separa la cámara de los personajes, va hacia la ventana y se detiene a mirar el paisaje. Se detiene a mirar la catedral.
-Es divertido esto, porque no hablo nunca de Catedral, pero me encanta que lo traigas a la conversación. Cada persona tiene su mirada y la modifica con el tiempo. De seguro yo filmo el mundo tal como lo veo. Entonces, me gusta ver lo grande, lo directo, lo cercano. La distancia y la proximidad. Esto es una cosa que me define como autor, pero nunca me permito la mirada turística. Para mí un paisaje no es turismo. Como la isla donde filmamos Sciatunostro, que no es una isla esencialmente turística. Linosa es una isla turística veinte días al año, pero no es Capri. Mucha gente en el cine me dijo “ah, yo conozco la Costiera Amalfitana…”, pero Linosa es lo totalmente opuesto. Es que la gente está acostumbrada a ver The White Lotus y cosas así, ¿no?, y tiende a confundir la Sicilia, l’Italia, ese bel paisaje donde se canta… No, no es así. El turismo es un problema en Italia, y también en el mundo. En estas islas pequeñas el turismo va a cambiar las cosas, ¿entiendes? Por suerte todavía el turismo verdadero en el verano dura como un mes, un mes y medio. Y la isla sigue su vida durante el resto del año. Pero mi miedo es que esto se agrande y dure tres, cuatro, cinco meses al año, porque si le das dinero a la gente, la gente está feliz y destruye lo que tiene alrededor sin importarle demasiado. Esto lo veo en Italia, una nación turística por excelencia, ¿no? Es un gran problema.

Es que la gente está acostumbrada a ver The White Lotus y cosas así, ¿no?, y tiende a confundir la Sicilia, l’Italia, ese bel paisaje donde se canta… No, no es así. El turismo es un problema en Italia, y también en el mundo.
-Creo que me rendí absolutamente con Sciatunostro antes de que se cumpla el primer minuto, cuando veo un plano general de Linosa desde el ferry antes que anochezca, y veo el faro en ese plano. Lo miro muy atentamente y me pregunto si la luz del faro no será un efecto especial…
-¡No, no, por favor!
-Me impactó muchísimo esa imagen. Lo que más me impacta tiene que ver con la orientación que le dan al navegante para poder llegar a destino sin sobresaltos. Y cuando vi que una de tus primeras imágenes es la isla, una isla maravillosa, y la primera cosa notable de la isla que descubro es un faro, sin dudas que será una película que me llevará al espectador a un buen destino.
-Qué bien.
-Perdón por el paréntesis.
-No es un paréntesis. Miraste la cosa justa. Es una isla donde llegar es difícil. Está cerca de Lampedusa, pero no tiene un puerto como debiera tener. El problema es que, donde está ubicada, pareciera que soplaran todos los vientos. Entonces, al partir uno no sabe cómo llegará a Linosa. De seguro llegarás a Lampedusa, pero para llegar a Linosa no sabes si el viento o el mar están justos para… ¿cómo se dice…?
-¿Atracar…?
-Sí, sí, sí. Atracar. Por eso es tan dificultoso el arribo.
-Algunos de los planos que tomás en la isla me recordaban a los de Kaos, la película de los Hermanos Taviani.
-Bueno, Kaos es un referente importante. Los Hermanos Taviani la filmaron cerca de mi casa, en Agrigento. Yo soy de Agrigento. La ciudad de Luigi Pirandello, de Leonardo Sciascia, también de Andrea Camilleri. Kaos me encanta porque ahí está mi casa. Yo nací en ese contexto. Y de seguro que esa imagen ha influido en mi mirada. Nosotros tenemos el horizonte más amplio. Cuando eres niño es una buena palestra, una buena escuela para aprender a vivir o para ver el mundo. Creo.
-Queda claro que lo que más te interesa contar en Sciatunostro no es la historia de amistad entre Ettore y Giovà, sino la educación sentimental de Ettore y Giovà. ¿A vos, entonces, qué fue lo que te educó sentimentalmente? ¿El cine o Sicilia?
-Creo que las dos cosas. Mira, cuando empecé a escribir y a pensar en hacer películas, ya tenía 20 años. Cuando conocí Linosa, cuando conocí esta isla. ¿Entiendes? Estaba en un momento de formación muy importante. Los primeros años de la universidad me cambiaron totalmente, me transformaron, porque encontré personas increíbles, profesores increíbles, mujeres increíbles de la universidad. Cambié mucho. La universidad me ha dado una gran oportunidad. Venga, yo vivía el cine que veía y también vivía mi tierra. He tenido la fortuna de vivir sobre un videoclub, lo que de seguro orientó mi mirada. Porque bajaba al videoclub y por poquísimo dinero alquilaba cassetes piratas. Tenía como diez, u once años, y ahí andaba con mi videocassetera. Esa es mi iniciación cultural. Los videocassetes y los cómics. Porque en el cómic tú tienes el cine, tienes la música, tienes las novelas, tienes todo… Yo lo encontré a Tarkovski por primera vez en un cómic, ¿entiendes? Lo encontré en Zed, que era como Stalker. Yo no lo sabía. A los diez años no había visto Stalker. Todo lo que vemos, todo lo que hablamos, todo lo que leemos… Claro que mi infancia me ha influido muchísimo. Siempre busco lo que me gustaba ayer y lo comparo con lo que me gusta ahora.
-En Linosa viven cuatrocientas personas, ¿no?
-Menos. En invierno viven doscientas treinta cuanto mucho.
-Yendo al tema del material de archivo, a esas películas familiares filmadas en Super 8 o grabadas con videocámaras (y que son el alma de Sciatunostro) quisiera saber si la presencia de Pino Sorrentino en la película es una construcción ficcional. Aunque él sea una persona real, no un personaje, por supuesto. Pero lo que quiero saber es si todo ese archivo de imágenes es de él o de la gente de Linosa o de otros lugares, si no existe tal como lo vemos en la película. ¿Para vos es posible que se conserve la memoria de un lugar o de cualquier otro lugar a partir de las grabaciones caseras, por ejemplo? Transformar las grabaciones caseras en arte, si se quiere.
-Claro que sí. No siempre es arte, por supuesto que no. Tampoco Pino pensaba que iba sus películas iban a formar parte de una película. Es un hombre que tiene su vida, sus cosas. Pasa el tiempo y sus días montando, editando sus recuerdos. Así que él no se olvida de resguardar la memoria. Y también otras personas de la isla no se olvidan que él es la persona que los filmó. Venga, de seguro es una cosa real. Pino es una persona real, pero yo también escribí una historia sobre él, algo que en sí no es tan importante…
-Hay un detalle hermosísimo, y es que Pino tenga su computadora y edite sus videos en el faro…
-Para mí es el guardián del faro, aunque ahora no existan más los guardianes. Porque ahora todo es electrónico. Es nuestra metáfora para lo que necesitamos, porque nos encantaría, a Pino y a mí, hacer un museo de la imagen del Mediterráneo, de la gente de las islas del Mediterráneo, para no olvidar en nada nuestra historia milenaria, que al fin y al cabo es nuestra conciencia. Se está perdiendo tan rápidamente eso… Es una historia de civilidad mediterránea. ¿Cómo decirlo…?
-Esas piedras que conforman las islas son eternas. Esas piedras que vimos en Kaos, por ejemplo, y que ya estaban ahí…

-Sí, sí, sí. En una topografía similar a la de Agrigento. Linosa está a nueve horas de ferry.
-¿Y el ferry es la única forma de llegar a la isla?
-Sí. Y si no, un aéreo a Lampedusa y de ahí a Linosa. Linosa está perdida en el Mediterráneo. No son los mismos lugares donde los Taviani han filmado Kaos. Si tuve una referencia fue de las cartolinas… ¿Cómo se dice en español…? Cartolinas…
-Postales.
-Eso. Las postales. Las postales de los años ’70 y ’80. Un saludo desde Palermo, un saludo desde Agrigento… Quería tener dos colores, esas dos tintas diferentes, una para el verano y otra para el invierno con Pino, su trabajo y esa soledad increíble, porque es así, es muy difícil vivir en Linosa durante el invierno. Hace frío, no llega el avión, no llega el ferry, pueden pasar semanas sin que llegue nada de nada…
-Hay una situación bellísima en la película que a lo mejor la matice con mis sentimientos, esa en la que a posteriori del invierno la gente empieza a pintar las casas para que Linosa reviva en el verano. Ahí me pregunté si Picarella, vos, más que contarme una historia, no querrá despertarme una nueva conciencia…
-Gracias por entenderlo así. Es difícil a veces hablar con la gente y explicarle que uno hace su película en diferentes niveles. Está el nivel más superficial, que es sobre los chicos y sus aventuras, esa historia de formación. Después están el archivo y el tiempo, y en tercer lugar hay algo que a mí me interesa, que es la parte más espiritual, más pegada al aliento, al respiro, a la aceptación de las cosas, a lo cíclico. Si yo hablo de mí, con conciencia y sinceridad, creo que la gente lo sentirá sin dudas.
-Para nosotros, en la Argentina, hablar de Sicilia es como hablar de la casa de los abuelos. Para la cultura del mundo, Sicilia, entre otras cosas, tiene un volcán, el festival de cine de Taormina y a Luigi Pirandello. ¿A vos qué te interesa retratar de Sicilia?
-También la magia, ¿eh? También tiene magia.
-La magia es parte de la cultura también, claro.
-Sí, también es cultura. ¿A mí qué me interesa? El aliento que hay en el sur de Italia me interesa. Me interesa lo que pasó y lo que vivimos ahora. No creo que en el futuro haga solo películas en Sicilia. Pero de seguro que entendí hoy, pasados los 40 años, que no puedo pensar en resolver este conflicto interior de amar un lugar, amarlo muchísimo, y también entender lo que ocurre en él y que uno no puede negar ni hacer nada. Porque si empiezas a hacer cambios, te vas a volver loco. Por eso me gusta la frase de Franco Battiato que cito al inicio de la película, “stamu un pocu all'umbra / ca c'è troppu suli” (“estamos un poco a la sombra / porque hay demasiado sol”, Veni l’autunnu / Llega el otoño, Franco Battiato). Estoy muy de acuerdo con él. Porque cuando tú naces, naces en un lugar maravilloso y no lo sabes porque no estuviste en otro sitio. Y también naces en un lugar con muchos problemas, y tú lo desconoces. Cuando sales de allí, cuando tienes la edad de Ettore o eres un poco más grande, creo que lo que has vivido en tu lugar será muy importante para aprender otras cosas, para tener tu conciencia, tener tu mirada.
-¿A vos te interesa que se conserve vivo el dialecto siciliano?
-¡Claro que me interesa!
-¿Y ese dialecto es el aliento al que se refiere el título de la película?
-No lo había pensado así. Pero bueno, puede ser. No creo que el dialecto se vaya a morir, no se va a perder. Porque es muy importante. Todas las regiones en Italia tienen su dialecto. Es una cosa identitaria. Es justo que sea así. El sciatu es el aliento, y a la vez es un sentimiento, una cosa que nos pertenece no solo a los sicilianos sino a toda la gente del Mediterráneo. Es una cosa que tiene que ver con los elementos, con una vida más lenta, más esencial. Esta vida occidental que no nos pertenecía, bueno, ahora nos incluye. Porque la globalización es esto. Pero debemos defender nuestra esencia, celebrarla. Tenemos que defender la celebración de nuestros sentimientos.
La entrevista, que tiene lugar en el bar Alfredo del Teatro San Martín, aunque termina aquí, se permite extenderse un rato más.
-Sciatunostro me recordó a los documentales de Vittorio De Seta por esa cuestión tan vívida de la vida cotidiana en los espacios rurales de Italia después de la Segunda Guerra Mundial…
-Estás nombrando a uno de los más grandes cineastas de Italia aunque hoy no se hable mucho de él, sobre todo de sus cortometrajes de los años ’50. Él hablaba del mundo perdido, porque cuando él filmó esas películas se estaba perdiendo un mundo. Y finalmente se perdió. Y además de Vittorio De Seta, tenemos en Italia a otro cineasta tanto o más importante que él…
-Franco Piavoli.
-Claro, es al único al que puedo llamar maestro en mi vida.
-A mí dame Visconti, dame Fellini, dame Paolo Sorrentino, pero no me saques nunca a Vittorio De Seta y a Franco Piavoli.
-Ah, qué maravilla eso. ¡Tú me dices algo increíble, gracias! Porque mira que en Italia, muchos italianos no saben quién es Vittorio De Seta. Quién me iba a decir que aquí en Buenos Aires habría un público tan cinéfilo que sabe sobre estas cosas más que en Italia…
-¿Sabés por qué? Porque en el décimo piso de este teatro está la Sala Leopoldo Lugones, que desde hace 60 años educa a la gente. Así que muchos de nosotros nos educamos en esta gran cinemateca que es la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín.
-Buenos Aires es una ciudad tremendamente cinéfila… ¿Puedo verla esa sala?